CARTEL VIERNES SANTO 2026
Obra de D. Francisco Javier Martín López.
El cartel es una representación simbólica de la capilla, entendida no solo como un espacio físico, sino como lugar de encuentro íntimo entre el devoto e imagen. La composición invita a asomarse, casi en silencio, a ese interior sagrado que tanta gente ve a lo largo del día.
En la parte superior, el título “Piedad Málaga 2026” actúa como anuncio solemne, coincidiendo visual y conceptualmente con el campanario de la capilla, elemento que convoca y anuncia.
En el centro del cartel se sitúa la imagen de la Piedad, eje absoluto de la composición y primer impacto visual al asomarnos al interior. Es lo primero que el devoto ve al cruzar la mirada con el interior de la capilla.
La cruz también forma parte esencial del cartel y se integra en la composición a través de la zona central de color blanco, que da estructura a toda la escena. A ambos lados, los planos divididos funcionan simbólicamente como el sudario.
El halo que porta la Virgen encuentra su paralelismo arquitectónico con el tragaluz circular de la capilla. Esto no es una simple coincidencia: la luz que atraviesa el espacio se convierte en símbolo de la divinidad que ilumina el dolor, envolviendo a María y a Cristo en su recogimiento.
Los laterales inferiores, poblados de flores, representan las ofrendas que los fieles depositan a las puertas del templo. Son huellas de los devotos, de la devoción silenciosa que pasa por la puerta y que es agradecida incluso cuando la capilla se cierra.
En los laterales superiores, el cartel incorpora fragmentos de mosaico inspirados en la fachada y laterales de la capilla, estableciendo un diálogo directo entre la obra pictórica y el edificio real. De este modo, el cartel no solo representa la capilla, sino que se convierte en ella.
Las rosas que flanquean la escena aportan luz y equilibrio cromático. Su color y disposición suavizan la composición y refuerzan la idea de acogida y luz en la oscuridad.
En conjunto, el cartel no busca únicamente anunciar la salida procesional, sino hacer sentir al espectador que está ante la misma capilla, mirando hacia dentro, en un momento de recogimiento, fe y contemplación. Es una invitación a detenerse, a mirar despacio y a dejarse envolver por el silencio y el sentimiento que transmite la Piedad.

